• TEMPLARIOS, FIELES DEL AMOR Y ROSACRUZ

     

     

    El esoterismo refugiado en Oriente en las ermitas y en Occidente en los claustros debió usar medios reservados e incluso secretos para asegurar su permanencia. Es muy difícil encontrar, a no ser algunos indicios concordantes de su supervivencia, por inferencias paralelas. Sólo las vicisitudes obligaron a las organizaciones iniciáticas a salir de las sombras, frente a la religión oficial que las ignora y frente al poder que las condena, pues los gobernantes, como hombres, temen lo que no comprenden. Vamos a tratar de desarrollar el filme discontinuo de estas apariciones bajo los ojos del lector, tratando de evaluar el orden de su sucesión, sus recíprocas pertenencias y su probable autenticidad.
    La causa esencial de la decadencia de las organizaciones iniciáticas se basan sobre la ruptura del lazo que las une mutuamente y vincula a cada una con su centro. Por otra parte, el cisma de Oriente y el bloqueo árabe del Mediterráneo impidieron las relaciones fáciles que las Cruzadas hubieran podido restablecer. El papel de intermediario fue cumplido por la nueva Orden del Templo, fundada en 1119, entre la primera y la segunda Cruzada, en un momento en que se trataba no de luchar, sino de consolidar la conquista y hacer reinar la paz en el nuevo reino cristiano.

    Los estatutos de la Orden fueron revisados y aprobados por San Bernardo, que quiso apadrinar una caballería cristiana ideal, cuyos miembros habrían tenido por función la guardia de la “Tierra Santa”. Toda iniciación caballeresca posee en sí un carácter esotérico. Pero el título dado a los nuevos caballeros era más revelador todavía. En el mundo occidental sometido a la Tradición judeo-cristiana, una orden que tomaba por emblema el templo de Salomón dejaba entender que tenía conciencia de la unidad superior de las tres formas religiosas salidas de Abraham. Es natural que sus miembros hayan tenido con los musulmanes del nuevo reino otras relaciones aparte de las guerreras. De hecho los caballeros ocupaban la mezquita de El-Aksa en Jerusalén y tuvieron durante más de un siglo relaciones diarias con los árabes.
    Por otro lado, estos caballeros eran monjes y su nombre de "guardianes de la Tierra Santa" adquirirá entonces un sentido superior. Se sabe que existen tantas tierras santas cuantas formas tradicionales regulares a imagen de la Tierra Santa por excelencia, símbolo de la Tradición misma. En el caso de los Templarios, la ciudad de Jerusalén era el centro de la Tradición mosaica y la imagen del estado espiritual que le estaba relacionado. En estas condiciones se comprende cómo el poder temporal de los reyes se haya conmovido por un sentido de la fraternidad que supera a los dogmas y que, con el impulso además de la "codicia" denunciada por el Dante, y que obtuviera una condena de Roma, que se puede calificar, según los puntos de vista, de inevitable o escandalosa.

    Varias manifestaciones importantes de las doctrinas esotéricas coincidieron con la destrucción de la Orden del Templo. Los iniciados cristianos, de acuerdo con los iniciados musulmanes, convinieron de manera de mantener el lazo roto. Esta reorganización oculta se logró gracias a los miembros de fraternidades tales como la Fe Santa, Los Fieles de Amor y los Rosacruces que por prudencia nunca constituyeron sociedades definidas. “Hay en el museo de Viena, escribe René Guénon, dos medallas de las cuales una representa el Dante y la otra al pintor Juan de Pisa. Ambas llevan en el reverso las letras F.S.K.I.P.F.T. que deben ser interpretadas así: Fidei Sanctae Kadosch Imperialis Principatus Frater Templarius. Esta asociación de la Fe Santa, de la que el Dante parece haber sido uno de sus jefes, era una tercera orden de filiación templaria cuyos signatarios se denominaban Kadosch, es decir, santo o consagrado. No faltaba razón a Dante, continúa Guénon, cuando al fin de su viaje, tomaba en La Divina Comedia por guía a San Bernardo, quien había establecido la regla del Templo, como si quisiera indicar con ello que la espiritualidad del santo era el único medio ofrecido a los caballeros para alcanzar el grado superior de la jerarquía espiritual".

    Además, La Divina Comedia está construida sobre una arquitectura de símbolos esotéricos. Hace tiempo que el R.P. Asín Palacios mostró que dos fuentes principales de esta obra son el Libro de la Escala y el Libro del Viaje Nocturno, dos obras de espirituales musulmanes. Por otro lado, los siete cielos del poema equivalen a los siete peldaños iniciáticos de los Fieles de Amor, otra fraternidad, de la que el Dante formaba parte con poetas amigos. La "Dama" de los Fieles era la Inteligencia Trascendente o la Sabiduría Divina. El Cuore Gentile de los mismos Fieles era el corazón noble y purificado de relaciones mundanas. Los Fieles de Amor debían escribir en verso, lengua de los ángeles y de los dioses. Bocaccio, que formaba parte de ellos, se ha referido a la trascendencia esotérica en un cuento del Decamerón, al hacer declarar a Melquisedec que “del Judaísmo, Cristianismo e Islam, nadie sabía cuál era la verdadera fe”.

    Se puede suponer que la Fe Santa ha tenido como heredera la Corporación de los Rosacruces, la que nunca ha tomado forma exterior. El término rosacruz designa un estado espiritual que implica un conocimiento de orden cosmológico en relación con el hermetismo cristiano. Uno de sus caracteres más reveladores consiste en el "don de lenguas", es decir, en el arte que tenían de hablar a cada uno su propio idioma. Adoptaban las costumbres y los usos del país que atravesaban e incluso tomaban un nombre nuevo. Eran cosmopolitas en el verdadero sentido del término. La Fraternidad manifestó públicamente su existencia con la publicación de la leyenda de su fundador, Christian Rosenkreutz y de sus viajes simbólicos, realizada por el alquimista alemán Valentin Andreae en 1614. Si se observa que el sello de Lutero llevaba una cruz en el centro de una rosa, que la mayor parte de los que se han llamado Rosacruces fueron alquimistas Iuteranos como Khunrath, Maïer y R. Fludd, se puede deducir que la aparición de esta sociedad es un episodio de la Reforma bajo una apariencia esotérica. Agreguemos, a titulo de curiosidad, que Leibniz, al principio de su De Arte Combinatoria en donde trata la característica de una lengua universal, ha colocado una rosa de cinco pétalos en el centro de una cruz y que Descartes intentó inútilmente, como él mismo lo refiere, ponerse en contacto con una organización de ese nombre. Se dice que los rosacruces abandonaron Europa y se fueron hacia la India al comienzo del Siglo XVII, lo que puede interpretarse como una reabsorción de la sociedad por un centro oriental. En todo caso los rosacruces modernos no poseen ninguna relación efectiva con los verdaderos Rosa-Cruz, y quienes se denominan tal, por ese mismo hecho, no son uno mismo con ellos.
     


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